miércoles, 7 de diciembre de 2011

Miles de estrellas en la noche...


Miles de estrellas que rompen la noche, y las típicas notas con la guitarra de campamento, todos alrededor del fuego cantando y sonriendo, y él me mira y me pone nerviosa, y retiro la mirada con el convencimiento de que ha sido una casualidad, a la vez que me sonrojo, y sueño sin remedio, sueño que me agarra de la cintura y me balancea de aquí para allá entre un campo de lilas, a la vez que me besa, y de repente todo vuelve a la realidad, cuando le veo de la mano con ella, la arpía más rastrera de todo el campamento, aunque eso él no lo sabe, para él ella es su princesita de cuento, guapa hasta reventar, morena como el carbón y con la melena dorada al sol, mientras que yo no soy nadie, de pelo negro como la noche, y una piel blanca y pura como la mayor y más bella de las rosas blancas, con miles de pecas que bañan mi cara como a la noche las estrellas, y mientras mi interior se vuelvo rojo como el color de las sangre, por el dolor y la pasión, mi tez se cubre de un manto de frialdad y pequeñas lágrimas resbalan asta caer en mis negras botas de militar.

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